Akelarre

⭐⭐⭐🌠 7/10 Vale la pena

Abracadabra. La cacería de brujas parece tan lejana, tan de Edad Media, pero sólo hace falta asomarnos a la realidad actual para encontrarla de vuelta, donde al igual que esta película, un grupo de hombres, muchos, casi todos, se sienten con autoridad de cuestionar, descalificar y sobajar las acciones de las mujeres, sobre todo de las colectivas y las que los hacen ver ‘menos’; hombres que se sienten atraídos por ellas, pero temerosos de cuando éstas presentan autonomía, independencia, desobediencia.

Bajo el más recalcitrante atuendo de la religión católica amparada bajo la ciencia demonológica, vemos cómo una grupo de mujeres adolescentes se les inculpa de brujería por el simple hecho de bailar en medio del bosque («no hay nada más peligroso que una mujer que baila»), donde una mirada fanática masculina no ve en una sonrisa o un alegre baile, sino diabólica lujuria pecaminosa, algo paradójico cuando sea el mismo juez católico Rostegui quien poco a poco vaya cayendo en las debilidades de la carne. Hoy en día no hay que ir lejos, hace poco exalumnas de un colegio Cumbres señalaron cómo los varones de estas escuelas ocultan su lascivia acusándolas a ellas de provocadoras.

Lucifer

La propia obsesión del juez Rostegui por descubrir el sabbat (aquelarre), es la que hacen que Amaia encuentre el punto débil de él: su necesidad de poder llevar a cabo una fantasía para tratar de conocer, palpar, castigar, aquello tan desconocido para él: la mujer. Es así que en medio de una declaración que termina en sugerentes gemidos, vislumbramos cómo éste sucumbe a su más básicos instintos, donde la experiencia religiosa de las transverberaciones y los éxtasis de Santa Teresa, se equipara con el acto de copulación con Lucifer; y ver cómo un juez católico puede tener la apariencia del mismo luzbel, y en su mente estar regido por lo divino pero al mismo tiempo seducido por los demoníaco. Caras vemos, demonios no sabemos.

Tal cual Scheherezade, Amaia alimenta la curiosidad de su verdugo con intrigantes historias sobre el Sabbat para ganar tiempo, donde un simple picnic se convierte en una misa negra, al mismo tiempo que una anciana con gorro fálico devela una verdad: «Los hombres temen a las mujeres que no les temen». Así pues, cautivado bajo el ‘embrujo’ de una mujer, veremos a través de los ojos del juez cómo un grupo de mujeres estigmatizadas por la hipócrita mirada masculina, es capaz de retar ese yugo para, y junto con otras mujeres, soridariamente cual brujas, emprender el vuelo.

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